Menores víctimas de abuso sexual

Menores víctimas de abuso sexual

menores víctimas de abuso sexual

Las y los menores víctimas de abuso sexual son un porcentaje más alto del que pensamos. Se habla según la OMS de casi un 25%. Hay a menudo menores víctimas de abuso sexual que no son conscientes de haberlo sido hasta mucho tiempo después.

El abuso sexual infantil se refiere a cuando una persona, aprovechándose de una situación de cierto poder jerárquico donde se da una asimetría entre las partes, coacciona de una forma explícita o implícita, a un menor para satisfacer sus deseos sexuales. Lo pueden cometer otros niños o adolescentes, pero suelen ser adultos los que más abusan de menores, lo que anula cualquier idea de que sea una relación libremente consentida, como son las de los mayores.

El abuso se refiere a conductas más o menos explícitas relacionadas con la sexualidad cuanto más violentas, explícitas y continuadas en el tiempo más daño suponen para el niño, niña o adolescente que lo sufre.

El abuso sexual en la infancia puede darse de dos formas; las dos dolorosas, pero una más traumática que la otra. Traumatiza más si el abusador es del ámbito familiar y cercano emocionalmente para la niña, si la frecuencia y duración en el tiempo del abuso es intenso, si hay empleo de la fuerza y se da sometimiento a actos sexuales explícitos, si la víctima en vez de ser apoyada es cuestionada, ignorada y sobre todo culpabilizada por parte de sus familiares, si tiene que ser ella la que salga del hogar para ser protegida en vez del abusador, si las consecuencias de verbalizar el abuso son muy negativas para la familia, etc.

Las consecuencias emocionales y psicológicas de los menores víctimas de abuso sexual pueden ser debastadoras. Se puede instalar una representación muy dañina sobre sí misma; vergüenza y culpa por haber sido dañada, y mala para los demás por las consecuencias del abuso; medidas judiciales, malestar de los padres, separación de la familia, recortes económicos, etc. Esto a menudo conlleva un profundo odio hacia sí, y la búsqueda de autocastigos a través de relaciones y conductas de riesgo (abuso de sustancias, relaciones sexuales sin control, violencia…) instalándose más la baja autoestima por ese deseo de apego, atención, afecto y protección a cualquier precio.

Tratamiento a menores víctimas de abuso sexual

Es necesario el poder realizar un tratamiento tanto familiar (si la víctimas es una menor) o individual para menores víctimas de abuso sexual.

Lo ideal es que se dé una respuesta inmediata por parte del entorno cercano ante el conocimiento del abuso. La respuesta, el apego, y la base afectiva que pueda tener la niña por parte de su entorno es clave a la hora de poder distinguir lo que es el verdadero afecto de lo que es un hecho violento, desagradable y dañino siendo niña, y por tanto pedir ayuda a los progenitores.

La respuesta de los adultos a la hora de afrontar lo sucedido es fundamental; escuchar un testimonio de una niña o adolescente que está sufriendo abuso sexual no es agradable para nadie, pero si los propios adultos nos asustamos, lo evitamos, responsabilizamos a los menores víctimas de abuso sexual  desprotegiéndoles y dejándoles a la deriva.

Es necesario realizar un acompañamiento familiar sobre lo sucedido y poder calmar al menor, desculpabilizándoles de lo ocurrido, ya que los menores víctimas de abuso sexual NUNCA son responsables de lo sucedido.

En el caso de que no se aborde inmediatamente de forma terapeutica siempre está la posibilidad de trabajarlo más adelante, siendo adolescente o ya adulto, aunque la losa de daño que se ha ido arrastrando, lógicamente ha afectado en el desarrollo y la identidad de la persona por lo que cuanto menos tiempo pase, mejor.

Sesiones individuales, familiares y con los progenitores a solas son el abordaje más terapéutico.

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